Lo que hoy quiero compartir con ustedes, me nace a raíz de una película que vi hace poco. Curiosamente mi reflexión se basa en una película infantil que no hay que subestimar, dado que lleva a pensar acerca de temas de bastante profundidad. Me refiero a Toy Story 4, una película en donde el protagonista debe tomar decisiones muy importantes en su vida, que de algún modo afectan a todos.

Siempre he creído que la vida es un como un viaje largo donde el destino final no está decidido, y donde cada parada va dejando recuerdos y enseñanzas, personas y momentos, que de algún modo tenían que estar ahí, porque eran parte del gran puzle que es la existencia. Muchas veces tenemos que tomar decisiones cruciales que nos hacen renunciar a ciertas cosas pero siempre para dar cabida a otras, que en ese momento son necesarias para alcanzar la plenitud. Estas decisiones nos sacan de nuestra zona de confort, pero para generarnos nuevos desafíos. Pero nada de estas acciones tiene sentido, si uno no sabe cuál es su misión en la vida.

Creo que, hasta ese momento de iluminación, uno anda perdido: uno vive, disfruta y experimenta, pero sin saber su verdadero rumbo. Sólo cuando entiendes cuál es tu motivo en la vida (Leitmotiv), sólo cuando asimilas que tienes una razón de existir, sabes cuál es tu lugar en ella y puedes tomar las decisiones con más sabiduría y conciencia.

Todos hemos sido o seguimos siendo ese “Woody”, que a punta de tropiezos y decisiones impulsivas logra encontrar ese sentido en la vida que le permite dejar atrás lo que fue tan importante y decisivo, para seguir viajando por el tiempo, pero ahora con un nuevo horizonte frente a sus ojos.

Todos forjamos nuestro destino y muchas veces nos vemos en medio de encrucijadas, donde debemos incluso decidir por otros, sin embargo, cuando la nobleza, la lealtad y el afecto acompañan estas acciones, ninguna decisión será errada.

La vida es así, se construye de todo y todos los que confluyen por tu existencia. Sepamos valorar a cada quién en su momento, sepamos retener esos momentos significativos y atesorarlos, sepamos aprender de cada persona que se cruza en nuestro camino. Porque el aprender a ser feliz está en esas pequeñas cosas que arman tu destino. Es necesario saber encontrar eso que nos hace felices y compartirlo con quienes nos rodean. Acompañemos este viaje de esos valores, de los que tanto se habla, pero poco se practican. Seamos como Woody y entendamos que no tenemos dueños, que nosotros elegimos con quienes compartir la vida en diferentes momentos, porque somos libres y debemos dejar que las cosas fluyan, aun cuando en su momento no sea tan claro. No olvidemos, que habiendo una razón para existir, ningún miedo y ninguna duda empañarán el camino de este largo viaje.

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