La actividad, a cargo de la profesora Daisy Molina González, se desarrolló en las instalaciones del Laboratorio de Química, donde los estudiantes pudieron aprender de manera cercana, dinámica y significativa sobre las estructuras que permiten el movimiento de nuestro cuerpo.
Uno de los momentos que más llamó la atención de los niños y niñas fue la interacción con “William”, un esqueleto de tamaño real que permitió observar directamente la disposición de los huesos y reconocer algunas de sus principales características.
Durante la clase, los estudiantes aprendieron sobre huesos, articulaciones, músculos, ligamentos y tendones, comprendiendo cómo estas estructuras trabajan coordinadamente para permitir el movimiento y sostener nuestro cuerpo. Además, descubrieron diversos datos curiosos sobre el cuerpo humano, que despertaron su interés y motivaron numerosas preguntas.
Esta experiencia permitió complementar los aprendizajes del aula mediante la observación y la interacción directa, favoreciendo una comprensión más significativa de los contenidos científicos y acercando a los estudiantes al conocimiento del funcionamiento de su propio cuerpo
Daisy Molina González
Profesora de Educación General Básica
Magíster en Docencia para la Educación Superior

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